lunes, 19 de septiembre de 2011

Walking around

Ahora cualquiera puede escribir un par de lineas de cualquier poema o letra de canción, sin importar en que idioma este esté en el google para encontrar al autor y todo respecto a esta letra seleccionada. Es tan fácil encontrar eso que tanto te gusta y saber de quien es. Pero por más fácil que resulte llegar a la fuente de tan exquisitas letras, lo que no es fácil es llegar a saber encontrar de primera mano, de manera natural y exquisita eso que tanto nos gusta. Puedo googlear todo aquello que me gusta, pero no puedo saber que es lo que me gusta o no sin antes haberlo leído. Llegar a todas esas cosas que te gustan muchas veces es un trabajo arduo y sobre todo, para llegar a todas esas cosas que te gustan posiblemente has tenido que pasar por muchas otras cosas que no te gustan. El camino hacia el paraíso no tiene como soundtrack un coro de ángeles. Pero cuando se llega a algo que sabes te gusta, bien sabes que valió el camino recorrido y que lo volverías hacer sin dudarlo.

Buscando un espacio donde atesorar los poema que me gustaron o las canciones que escuche, recordé cual es el objetivo de tener un blog, este espacio que me funciona como baúl de tesoros, donde puedo poner y escribir cosas que deseare volver a leer sin tener que entrar a un espacio ajeno, a googlear nuevamente lo que yo ya conseguí. Ahora es mio. Si tu ya lo leíste antes, me entenderás. Sino, disfrútalo como yo ahora. El poema que vienes es de Neruda.



Walking around

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
no quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.